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“El que no sirve para servir no sirve para vivir”. La Responsabilidad Social del Abogado.

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“El que no sirve para servir no sirve para vivir”. La Responsabilidad Social del Abogado.

    No se debería o más bien, no sólo de debería. Propugnar que la igualdad de todos los ciudadanos junto con el derecho a la defensa jurídica son razones suficientes para argumentar la necesidad o la conveniencia del servicio que provoca esta nueva entrada,  queda a una larga distancia del verdadero motivo que nos lleva a afirmar su utilidad.

     Tampoco se debería observar tan sólo los valores de la firma puestos al servicio de la sociedad, como vehículo de transporte de unos ideales capaces de, no sólo captar clientes sino de fidelizar voluntades.

    No es cuestión de Marketing, es coherencia con una vocación. Estamos en tiempos de cambio, la manida crisis que tanto nos acecha no es sino el reflejo de una consecuencia que la avaricia provocada por el actuar humano de los pasados años ha conllevado. Debemos replantearnos ahora que se observa su fracaso, todos aquellos dogmas que con el devenir de nuestro actuar han ido estableciéndose cuales becerros de oro a los que adorar. Debemos preguntarnos si la obsesión por la satisfacción personal, por los “beneficios”, por el amor propio y por el triunfo de unos en detrimento de los otros son el correcto fundamento o guía de nuestro actuar.

   Es momento de recordar por que esta profesión a la que tantos acudimos con verdadera vocación, debe ser llevada a la práctica como ahora se entiende, o debe por el contrario, debe ser conducida a su esencia; el afán de ayuda al otro, y en grado superlativo, el afán de ayuda a la justicia.

    La ayuda Pro Bono o cualquier ayuda social que pueda producirse destinando recursos económicos para ello es necesaria. Sí se debería. La palabra abogado (del latín “advocatus”) proviene de la expresión latina “ad auxiliam vocatus” esto es, el llamado para auxiliar. La posibilidad de dar cobijo al desfavorecido, en este caso, a aquél que no puede garantizarse los servicios de un verdadero profesional, no es sino la consecuencia lógica de la profesión que ejercemos, por ello debe entenderse el destino de un pequeño esfuerzo (marcado en este caso con unas mínimas horas al año) no como un sacrificio, que también, sino como la vuelta a la esencia; al auxilio.

    ¿Los despachos lo hacen? Sí, algunos. ¿Lo hacen público? No. ¿Cuál es el problema de hacer llegar a la sociedad las acciones que se hacen?

    En distintas reuniones mantenidas con responsables de distintos despachos se nos confesaba un pacto no escrito entre firmas. No lo entendemos ni lo compartimos. Parece que existe más preocupación con no hacer ver lo que se hace (esa falsa humildad muy nuestra), que con el buen provecho de las acciones sociales concretas. La sociedad pide transparencia, en todos los ámbitos, y las firmas deben estar en la línea de la sociedad y, por ello, de sus clientes. Una mera pestaña en la página Web no es suficiente. La transparencia ayuda a controlar y promover más y más actividades y a la vez, a hacer llegar los valores de la firma. No es malo que la sociedad sepa lo que la firma aporta. No es negativo. Sólo suma.

    Entendemos que, devolver a la sociedad de alguna manera lo que ella brinda no es sino un ejercicio de pura correspondencia. No les falta razón a los que no acaban de entender el porqué esta profesión y no otras deben realizar ese esfuerzo. Tienen razón, pero para provocar un cambio social más que necesario debemos empezar por cambiar el mundo que nos rodea, y así, se podrá hacer bueno aquello que puesto en boca de la Madre Teresa de Calcuta rezaba; el que no sirve para servir, no sirve para vivir.

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“Parece que hoy día la fidelidad sólo se encuentra en equipos de sonido”. Corporate Branding o cómo fidelizar clientes.

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“Parece que hoy día la fidelidad sólo se encuentra en equipos de sonido”.  Corporate Branding o cómo fidelizar clientes.

    Es aquí donde encontramos el factor definitivo que convertirá su firma en la preferida por el cliente. Para captar su preferencia ya no basta con actuar en los nuevos medios sociales, no basta con tener presencia en todo tipo de directorios. El cliente busca algo más. Algo PERSONAL. Una vez superado el proceso de posicionamiento, debemos ahora provocar en el cliente la necesidad de no querer marcharse.

1. Crear costes emocionales de salida:

    La firma adquiere en este aspecto un lado más informal, más cercano. El cliente trata con alguno de nuestros profesionales y este trato crea lazos. Nuestros abogados deben entender que el cliente saldrá más o menos contento en función del trato que él otorgue y, sin dejar de lado que son ellos los representantes de la firma en ese momento y que el cliente no les pertenece, deben dar mucho de sus dotes comerciales personales para crear vínculos emocionales El trato amable, cordial y preocupado, asumiendo los problemas del consumidor como propios, hacen sin lugar a dudas que nuestro cliente quede satisfecho.

    Estudios recientes, realizados por la Harvard Business Review relativos a las preferencias del consumidor en el sector servicios, revelan que los clientes se decantan por una determinada empresa y no por otra según; la obtención de un buen resultado en un 24% de los casos, por las instalaciones donde se realizó el servicio en un 10% y por el trato dispensado en un 66%.

2. Empatía:

    Entendemos en este punto como fundamentales dos actividades. Las reuniones personales y los recordatorios.

     La primera de ellas no merece mucha explicación; el cliente al acudir a la firma es tratado y asesorado por uno de nuestros profesionales, el cual escucha, atiende y propone soluciones. Si se cuida este proceso el cliente sale reforzado y su relación con aquél que lo atendió queda estrechada.

    El segundo merece mayor atención por su efectividad demostrada. Si ese profesional se adelanta a las consultas del cliente, si le mantiene periódicamente informado de cuantas situaciones sean relevantes para su asunto, si está atento a los cambios legislativos; el cliente percibe que su preocupación es importante para el que la debe solucionar. Y si se siente atendido, nunca querrá alejarse de esa situación de confort.

    Es el conocido MIEDO AL CAMBIO; miedo a no encontrar en otra firma lo que la anterior le brindaba, y este miedo conllevará dos situaciones; la primera de ellas será la permanencia, la segunda será poder tener más flexibilidad en las tarifas puesto que el cliente ligado emocionalmente soporta precios más altos si la contraprestación es excelente.

    Por ello citábamos al principio de nuestra entrada a Woody Allen, entendiendo que la fidelidad de los clientes es un camino difícil y una meta complicada, pero como meta que es, no podemos parar en el intento. Los clientes al fin y al cabo son personas, como tú o como yo, que buscan efectividad y buen trato al menor coste posible. Si conseguimos transmitir algo más que un buen resultado, la conexión, el vínculo, quedará completado y con ello nuestro ÉXITO y su PREFERENCIA.

“No paso por la vida.. y tú tampoco deberías sólo pasar”. El Branding personal; la creación de un sello propio.

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“No paso por la vida.. y tú tampoco deberías sólo pasar”. El Branding personal; la creación de un sello propio.

    Fruto de las últimas entradas, y con esa especial atención hacia el cambio producido a nivel de firmas, no podemos sino atender ahora al cambio que se debe producir a nivel interior en cada uno de los “responsables” de las mismas.

    Hoy, la imagen del negocio traspasa todo tipo de barreras y es poderosamente permeable. Es por ello que hacemos una alusión generalista. Como “responsable” debe entenderse a todo trabajador que de modo directo o indirecto tenga relación con la firma y con el mercado; por ende, con el cliente. Este es el primer punto a asumir.

    La imagen de una firma, aquello que el consumidor percibe como marca, no sólo se contiene en la Web, en los comunicados oficiales o en toda actividad donde la firma como tal participe. No. Lejos de esto, la imagen de firma nace con cada acto que los “responsables” de representar la firma realicen.

    El trabajador de un despacho es abanderado y embajador de la marca desde el mismo momento en que estampa su rúbrica en el contrato que lo sitúa a sus filas. Es importante asumir que esa “responsabilidad” no desaparece al abandonar la oficina, de igual manera que no desaparece cuando el cliente cruza la puerta. La imagen; la representación, la reputación en definitiva de la marca, acompaña al abogado durante toda su jornada con cada pequeña actividad que realiza.

    Es por ello esencial entender que la reputación personal va íntimamente ligada a la de la firma, y que una y otra, unidas en perfecto matrimonio, tienen un denominador común; el éxito.

    ¿Cómo la reputación personal, la creación de un sello identificador propio puede ayudar tanto al abogado como a la propia firma?

    El consumidor busca principalmente cuatro cosas; seguridad, respetabilidad, eficiencia y competitividad. Y lo hace de una manera muy antigua y que nunca cambiará; con la experiencia de otros.

    Nuestra propia marca, aquello que el exterior relaciona con nosotros, puede en un sentido negativo hundirnos o en un sentido positivo multiplicar por infinito nuestro actuar y su peso en el mercado. Lo que los “otros“ perciban supondrá la creación de una opinión común, y si esa opinión es favorable, nuestra reputación atraerá negocio. No por simple deja de necesitar ser recordado. Como decíamos en una anterior entrada, aquél que sepa diferenciarse será el primero en posicionarse, y para ello necesitará la ayuda inestimable de una marca personal que lo distinga y que lo reconozca.

     Tres notas deberá conllevar en el mercado dicha marca: imagen, credibilidad y reputación.

    El reto hoy no está en llegar al cliente, eso ya lo hacen todos. El reto hoy está en conquistar su preferencia. El cliente es cada vez más temeroso. Recibe tanta información que antes no le llegaba, que su reacción natural se ha convertido en desconfiar y exigir. Estamos ante un mercado que genera mucha exigencia a la vez que desconfianza, y es aquí donde la imagen personal, donde la marca individual puede crear diferencias respecto al resto de competidores. Imagen personal unida a imagen de marca que de la mano y en perfecta armonía de identidades, sepan aglutinar en la retina del cliente la seguridad, eficiencia, respetabilidad y competitividad que reclama.

    Hacíamos alusión al principio de esta entrada a una de las grandes frases incluidas en el poema Vida de Charles Chaplin (altamente recomendable), entendiendo la necesidad de dejar huella, de ir más allá, de diferenciarnos.

    El Branding Personal tiene especial importancia por cuanto supone la herramienta necesaria para “no sólo pasar”. El Branding Personal posibilita entrar de lleno en las entrañas del consumidor y del mercado, crear prestigio y confianza, una oferta diferenciada donde la calidad del servicio se de por supuesta. Diferenciación y credibilidad. Marca personal. ÉXITO en mayúsculas.